RIOS
 
 
 
El Parque se encuentra bañado por dos grandes ríos, de cuencas diferentes, con grandes similitudes y muchas diferencias: son el Júcar y el Escabas. Comenzando por el Escabas, nace de la suma de diferentes arroyos en las proximidades del paraje denominado el Hosquillo. Ya dentro de éste se le incorpora por la izquierda el arroyo de las Truchas que, desde su nacimiento, está considerado como vedado de pesca. En este tramo se pueden observar, pese a su aún incipiente caudal, las primeras truchas comunes, de pequeño tamaño y colores dorados que las mimetizan sobre el calizo fondo.

La portera que cierra el Parque del Hosquillo sobre el Escabas, hace de punto de inicio del tramo libre sin muerte de Tejadillos. En todos los tramos y cotos de pesca sin muerte, únicamente esta permitida la utilización como cebo de moscas artificiales. En este tramo se pueden diferenciar dos partes: desde su inicio hasta el paraje de Lagunillos, se nos presenta el Escabas más abrupto y menos accesible, en el que aún se pueden encontrar, recorriendo su lecho, árboles atrapados por el río y cubiertos de carbonato cálcico precipitado durante decenios, y alguna trucha que intenta ocultarse entre estos.

El siguiente tramo, desde Lagunillos hasta la desembocadura del arroyo de Valdequemado, más pausado que el anterior, con pozas donde sus aguas encuentran su primer descanso, y que son aprovechadas como apostadero por truchas ya de un tamaño decente, pero escasas en número. Después del aporte del arroyo Valdequemado, el régimen piscícola del Escabas cambia para convertirse en el coto sin muerte de Tejadillos. Éste comienza a los pies del retirado “Monumento a la Madera”, y acaba bajo otros pies, los del pueblo de Poyatos, ya fuera del Parque. En este tramo igualmente rico en truchas comunes, se pueden ver los primeros barbos comunes (Barbas bocagei), bogas de la cuenca del Tajo (Chondrostoma polylepis), junto con algún cachuelo (Squalius pyrenaicus).

El barbo es una de las especies piscícolas que elige las limpias aguas de los cauces del Parque

El discurrir del río Escabas dentro del Parque tiene la consideración de aguas de alta montaña.

La arteria principal del Parque, es el río Júcar, que bebe sus primeras aguas cerca de donde las toman el Tajo y el Cabriel, ya desde este nacimiento tiene la consideración de vedado de pesca, hasta casi su entrada en el serrano pueblo de Tragacete, al igual que el arroyo Salado que cede sus aguas al Júcar cerca de esta localidad.

Toda esta zona presenta una decente población de truchas comunes, un kilómetro aguas arriba del puente que cruza el Júcar en Tragacete, encontramos el inicio del primer tramo libre de pesca, pero se encuentran limitados los cebos a utilizar, para aminorar la mortalidad sobre las truchas de pequeña talla. Y justamente aguas abajo de este puente encontramos la primera herida abierta sobre el Júcar: se trata del vertido urbano de la localidad de Tragacete, que preña al joven río de fosfatos y materia orgánica.

La bermejuela, especie típica de aguas montanas, comparte hábitat, en los ríos del Parque, con la trucha común
 
Discurre posteriormente el Júcar por la apacible vega de Tragacete, donde a pesar de la abundancia de vegetación de ribera, en su mayoría sauces, se puede capturar algún ejemplar de escurridiza trucha común. El primer aporte importante de agua que obtiene el Júcar de sus tributarios se lo da el arroyo de la Herrería de los Chorros, o también llamado Almagrero, único refugio de pesca de la provincia de Cuenca, y cabecera de las maderadas que recorrían el Júcar. Este arroyo nace dentro de la provincia de Teruel, pero es en las cercanías de la antigua, y actualmente ruinosa, Herrería de los Chorros, donde se encuentra una de las que se cree reserva genética de la trucha de la cuenca del Júcar.

En la unión del arroyo Almagrero con el río Júcar se sitúa el inicio del primer coto del Júcar, el denominado Huélamo Alto, que tiene su fin en otra unión, la del Júcar con el arroyo de Valdemeca. Este arroyo, que tiene sus fuentes entre relícticos robles (Quercus petraea), tiene la consideración de tramo libre de pesca sin muerte, y en él aún se pueden capturar algunas truchas comunes. Dentro del coto de Huélamo Alto, encontramos la primera especie piscícola introducida, la trucha arcoiris (Oncorhynchus mykiss), escasa en número debido al cierre de la piscifactoría de Huélamo. También se pueden encontrar en el tramo inferior de este coto otras especies, como son los cachuelos (Squalius pyrenaicus), y gobios (Gobio lozanoi) también llamados en Cuenca “cabezotas”, especie declarada de carácter invasor, junto con el pez sol que nos encontraremos aguas abajo.

Aguas abajo se encuentra el famoso coto de Huélamo Bajo, el cual discurre bajo la localidad que le da nombre. Huélamo, localidad que según las crónicas “se ganó de los moros antes que Cuenca”, preside desde su privilegiada posición la vega por donde juguetea el Júcar. En esta zona se encuentran las primeras poblaciones de bogas (Chondrostoma polylepis), especie introducida desde la cuenca del Tajo.

Cerca del fin de este coto, el Júcar pasa de la amplia vega, a recogerse en una pequeña hoz, por la que serpentea hasta que se encuentra con el refugio de pescadores de Huélamo, pequeña edificación que sirve de descanso y lugar de almuerzo a los pescadores que mojan en el Júcar sus sedales.

El coto de Huélamo sin muerte comienza en este refugio, y tiene su límite inferior en el Puente de la Venta de Juan Romero. Este coto fue el primero declarado sin muerte en la provincia de Cuenca (si no contamos con el limítrofe entre las provincia de Cuenca y Guadalajara denominado Peralejos sin muerte). Hoy en día presenta una buena población de truchas comunes, algunas incluso de buen tamaño; este será el último coto de pesca que encontraremos sobre el Júcar dentro del Parque.

El siguiente tramo se sitúa entre el fin del coto de Huélamo sin muerte, y la cola del embalse de la Toba. Tiene la consideración de tramo libre, y está limitado el uso de ciertos cebos, igual que el tramo aguas abajo de Tragacete. Ya en esta zona podemos encontrar los primeros barbos mediterráneos (Barbus guiraonis), cuyo número aumenta según nos aproximamos al embalse de la Toba. Aquí se dan cita muchos pescadores durante la temporada de pesca.

Aguas abajo del puente que da acceso a pueblo de Beamud, se ha instalado recientemente una estación de aforos, que esperemos sirva como indicador cuantitativo del caudal del Júcar, y así solucionar problemas hidráulicos que acaecen aguas abajo.

 
El primer aporte importante de agua que obtiene el Júcar de sus tributarios se lo da el arroyo Almagrero
La zona de alta montaña del Júcar termina a la entrada de éste en el embalse de la Toba. El embalse está poblado, además de las especies anteriormente citadas, por carpas (Cyprinus Carpio), perca sol (Lepomis gibbosus) y algún carpín (Carassius auratus), igualmente se puede encontrar algún ejemplar de cangrejo rojo (Procambarus clarkii), cuya captura está prohibida en esta zona. La limitación de cebos desaparece hasta el puente que cruza el Júcar cerca del pueblo de Uña.

Dos aportes importantes tiene el Júcar en este embalse: son el arroyo del Boquerón en su margen izquierda, y el manantial de Fuencaliente a su derecha.

Bajo la presa de la Toba vemos que el Júcar desaparece, sus aguas son arrancadas del río y derivadas hasta la laguna de Uña. Sólo un hilo, un halo de agua, es testigo del discurrir del Júcar por la llamada vega de Uña, colmatado su lecho de cienos y sus orillas llenas de carrizos. En este tramo habitan cachos, algún barbo mediterráneo (testigo de las grandes manchas que existían en esta zona), y aparecen las bermejuelas (Chondrostoma arcasii) y las colmillejas (Cobitis paludica), estas dos últimas incluidas en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas.

El Júcar vislumbra la localidad de Uña, la cual da nombre a la famosa laguna situada en sus cercanías. En esta laguna abundan, según citaba José Torres Mena en sus Noticias Conquenses (1.871), “aguas y ricas truchas”. Igualmente indica la existencia de una isla flotante, hoy desaparecida, sobre sus aguas. Esta laguna se alimenta del Arroyo del Rincón, este nace a los pies del imponente rincón de Uña, cerrado por dolomías cretácicas. Este manantial fue aprovechado en 1974, para la instalación de la Piscifactoría de Uña, en la cual se intenta conservar las poblaciones de trucha común de la región.

El discurrir del Arroyo del Rincón dentro de la piscifactoría esta considerado como vedado de pesca, y el resto del tramo sirve de coto para el desarrollo de las actividades de la Escuela Regional de Pesca. Las aguas del arroyo se juntan en la laguna de Uña, con las que provienen, a través de un canal, del embalse de la Toba, y juntas viajan entre el hormigón de otro canal, hasta la central eléctrica del Salto de Villalba.

En aguas de las laguna de Uña los pescadores capturan carpas, pero también cachuelos, perca sol, barbo mediterráneo, bogas y alguna trucha común, sin limitación en la utilización de cebos.

El Júcar lo hemos dejado en su recorrido sobre la vega de Uña. Después de discurrir por ésta el río sufre un nuevo impacto: es el vertido del pueblo de Uña, que se derrama directamente en sus escasas aguas.

El Embalse de la Toba recoge las aguas del Júcar en uno de los parajes más frecuentados por los pescadores
 
El Júcar pasa bajo el puente de Uña, pero ahora cambia de paisaje. A su derecha, conforme desciende, observa la barrera tobácea que represaba a la laguna de Uña, que parece llorar el agua que no puede aportar al Júcar. Pero el río empieza a alegrarse, empieza a oxigenarse en sus pequeños saltos al adentrarse en los llamados “Cortados de Uña”. Durante su andar por éstos recibe, a su derecha, el aporte del arroyo de la Madera junto con el de alguna pequeña surgencia, pero continua su agónico devenir entre meandros encajados en calizas jurasicas; llega entonces hasta el manantial donde se capta el agua que consumen las localidades de Villalba de la Sierra y Cuenca, pero siempre profundizando la gran hoz, y vigilado, desde lo alto, por el canal que deriva sus añoradas aguas. En este punto el Júcar incrementa considerablemente su caudal, debido al aporte del manantial de los Baños, y a partir de aquí penetra en los verdaderos Cortados, en este caso denominados “de Villalba”, donde pasa en pocos cientos de metros, por espectaculares estratos de diferente geología, del jurásico al cretácico, despidiendo a éstos para adentrarse en geología del terciario a los pies del famoso Ventano del Diablo, que forma un espectacular mirador sobre el Júcar al final del Parque.

En todos los cortados aún existen poblaciones de trucha común, año a año en disminución, alguna mancha de barbos mediterráneos, bermejuelas y cachuelos, mezclados con gobios y colmillejas, y aparece, aunque en escaso número de momento, el cangrejo señal (Pacifastacus leniusculus).

La zona de los cortados de Villalba, es continuamente erosionada, no sólo por las aguas del Júcar, sino también por los participantes de deportes de aventura, como el barranquismo y descenso de cañones. Después del Ventano del Diablo, el Júcar vuelve a recuperar el agua perdida en la central eléctrica del salto de Villalba, punto final de su devenir a través del Parque.

Especial mención se ha de hacer, al arroyo del Cambrón, afluente del Júcar aguas abajo de Villalba de la Sierra, el cual, pese a su poco caudal, aun conserva poblaciones de trucha común. El cangrejo autóctono (Austropotamobius pallipes), está presente en muchos de los arroyos situados dentro del Parque.

Igualmente el río Cuervo, está incluido en una pequeña zona al norte del Parque. En ésta, además de truchas de la cuenca del Tajo, hay una decente población de barbo común.

A modo de conclusión, en estas líneas se ha intentado dar una visión general de los ríos que bañan e intentan dar vida a este Parque, de las especies que habitan en sus aguas, de las poblaciones por las que pasan, de sus problemas, de sus esperanzas,…. Esperemos que el plan de ordenación del Parque sirva para que se recupere el estado original de los mismos, y así mantener su singularidad piscícola.
Rafael García Cardo
Arquitecto Técnico
 
   
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