COLABORACIÓN ESPECIAL
 
Fuentes de vida
 
 
Fuente del Tío Pedro
Es el agua un milagro que representa la vida por dónde pasa; es riqueza para los pueblos y alegría para sus gentes.

Hoy estamos acostumbrados a disponer de agua en cualquier parte sin más que abrir un grifo. Sin embargo, no hace tanto que nuestros antepasados veneraban y cuidaban aquellos lugares donde el agua surge de las entrañas de la tierra como por arte de magia. Fuentes y manantiales se han mantenido a lo largo de los años tanto por la calidad de agua que han proporcionado a los habitantes del lugar, como por los beneficios, unas veces económicos y otras espirituales, que estos auténticos “canalizadores de vida” generosamente nos ofrecen.

Lugar predilecto de las ninfas, a menudo se las asocia a cuentos, leyendas o simples historias y tradiciones locales, vinculándose así de forma definitiva a la cultura de los pueblos que se han beneficiado de ellas.

Dentro del territorio del recientemente declarado Parque Natural de la Serranía de Cuenca, donde la riqueza etnográfica se deja ver en cada uno de sus rincones, las fuentes y manantiales ocupan un lugar destacado, constituyendo un conjunto de gran diversidad tanto en lo que se refiere a su morfología externa como a las propiedades de sus aguas. En muchas ocasiones la madera y la roca, omnipresentes en toda la Serranía, han servido para que el hombre canalice y dé forma externa a estas surgencias naturales, bien en forma de bellas y complejas construcciones de piedra, o a través de una simple teja que, oportunamente colocada, vierte el agua sobre un gamellón1. En otras ocasiones las podemos disfrutar con su aspecto primigenio, tal y como las modeló la naturaleza, sin ningún artificio o elemento añadido por la mano del hombre.

En lo que se refiere a sus aguas, podemos encontrarlas de pequeño caudal, con apenas un hilo de agua, o copiosas y abundantes, llegando incluso a formar cascadas de caprichosas formas; permanentes y constantes, que nos ofrecen sus aguas en todo tiempo, o estacionales, que permanecen secas y mudas durante una parte del año.

  
 
“Arroyo claro, fuente serena, quién te lavó
el pañuelo saber quisiera”

Canción popular infantil para jugar al corro de la patata.
Las conoceréis por sus nombres…
 
Fuente de La Almenara
 
Los nombres que tradicionalmente les han dado los lugareños nos informan sobre las características de sus aguas. Así podemos oír hablar de Fuente Amarga, Fuente Podrida, Fuente Caliente o Fuente Fría. En otros casos nos dan noticia de las plantas que, hoy o en otro tiempo, ocupaban el entorno de las fuentes: Fuente del Berro, Fuente Acebo, o Fuente de los Tilos.

También los hay que vinculan a las fuentes con personajes conocidos en sus localidades, dueños de los terrenos donde se localizaban, o simplemente personas que habitualmente las utilizaban. Ejemplos de ello los encontramos en casos como los de Fuente de la Tía Perra, Fuente del Tío Luciano, Fuente del Tío Pedro.

Otras veces sus nombres hacen referencia al uso que se les da o se les vino dando en el pasado, rememorando la historia de los pueblos, la ocupación de sus habitantes o la riqueza que generaron, encontrando para estos puntos de agua topónimos como el de Fuente de la Tejería, Fuente del Molino o Fuente de la Perguera.
…y por sus usos
 
 
Fuente de Juan Mayor
Además de refresco y alivio para la sed, uno de los usos más comunes de estas fuentes ha sido el de abrevadero para el ganado. Pero no han sido estos los usos exclusivos que se han dado a las fuentes y manantiales de la Serranía, y así podemos encontrar ligados a ellos aprovechamientos de agua mineral, tanto para el abastecimiento de las redes de agua potable de municipios, como para la instalación de embotelladoras de agua.

También, desde tiempo inmemorial se ha intentado aprovechar las propiedades curativas de las aguas de algunos de ellos, y así encontramos desde balnearios a simples “baños”, donde la temperatura o composición del agua contribuyen al alivio de las dolencias de lugareños y visitantes.

Algunos grandes manantiales llegaron incluso a ser utilizados como fuente de energía para hacer funcionar auténticas industrias de transformación del mineral de hierro, siendo en siglos pasados fuente de prosperidad, y hoy sólo ruinas diseminadas por la Serranía.
Su conservación
 
El trasvase de población del campo a la ciudad, con el consiguiente despoblamiento del mundo rural, ha hecho que muchas de estas fuentes quedaran en desuso. A ello también ha contribuido la intensificación de la ganadería, que ha llevado a los ganados de los pastos a los establos, haciendo cada vez menos necesario el mantenimiento de las fuentes que le servían de abrevadero; o la mecanización de la agricultura que hizo desaparecer del campo a asnos y acémilas, y con ellos la necesidad de bebederos para las caballerías.

  
 
Dentro del territorio del Parque Natural de la Serranía de Cuenca, donde la riqueza etnográfica se deja ver en cada uno de sus rincones, las fuentes ocupan un lugar destacado.

Los juncos, zarzas y espinos cubrieron a muchas de ellas, haciendo imposible su utilización. En otros casos el inexorable paso del tiempo, unido a la falta de cuidados, han conducido a su paulatino deterioro.

Fuente de La Toba
 
Por ello empezó a surgir entre determinados colectivos e instituciones una creciente preocupación por la conservación de este patrimonio de todos. Estas inquietudes cristalizaron, ya en la década de los 90 del pasado siglo, en un proyecto de catalogación de las fuentes y manantiales de la Serranía de Cuenca, fruto de la colaboración entre la asociación naturalista Esparvel y la Diputación Provincial de Cuenca, que después se extendió a las fuentes y manantiales de toda la provincia. Este trabajo permitió conocer su estado de conservación y adivinar cual puede ser su evolución futura, y sirvió como punto de partida para trabajos de conservación y restauración que se han emprendido con posterioridad.


Ya han pasado unos cuantos años desde la realización del catálogo, y se han dado importantes pasos en la recuperación material de algunas de las fuentes que se encontraban deterioradas. Pero el trabajo no debe quedarse en la restauración del aspecto externo, sino que se debe garantizar que sus aguas tengan la calidad óptima, y más aún, hacer que no se olviden los aspectos culturales relacionados con fuentes y manantiales.

Mantener vivos sus nombres es conservar buena parte de su historia. Igual que para algunas culturas la pérdida del nombre equivale a la pérdida del alma, si olvidamos el nombre de estas fuentes estaremos enterrando la memoria de los usos que nuestros antepasados les dieron en otros tiempos, de los personajes que vivieron con ellas y de ellas, y, en definitiva, de una forma de vinculación entre las gentes y el agua.

Hoya de la Soldá
Las fuentes de Valdemeca
 
 
Fuente de la Ardilla
Con su término municipal íntegramente incluido en el Parque Natural de la Serranía de Cuenca, Valdemeca es un típico pueblo de la Serranía. Un paseo por su casco urbano nos permite contemplar un buen ejemplo de arquitectura popular serrana. En el centro del pueblo encontramos la iglesia parroquial, un edificio que se comenzó a elevar en el siglo XIV y que posee en su interior una verdadera joya: una pila bautismal del siglo XI en la que los lugareños tuvieron durante centurias su primer contacto simbólico con el carácter sagrado del agua.

Pero lo más destacable de Valdemeca es su patrimonio Natural. La Sierra a la que da nombre (Sierra de Valdemeca) es una de las unidades orográficas que conforman la Serranía. Pero a diferencia del resto de pequeñas sierras del Parque Natural, donde dominan de forma exclusiva las rocas calcáreas, en la Sierra de Valdemeca aparecen rocas silíceas como pizarras, areniscas o conglomerados, lo que confiere a esta sierra una especial singularidad dentro del contexto de la Serranía, y permite el desarrollo de comunidades vegetales relícticas, como el bosque del roble Quercus petrae, que en esta zona alterna con los pinares albares y negrales.

En esta Sierra nacen distintos ríos y arroyos, que la surcan esculpiendo escarpes, estrechos, y saltos de agua, que dan a la zona un especial atractivo desde el punto de vista paisajístico. Y, ¿cómo no?, en un entorno rico en nacimientos de cursos de agua, uno de los aspectos a destacar son las fuentes y manantiales, de los que podemos llegar a contabilizar hasta un centenar sin salir del término municipal de Valdemeca.

Como en otros puntos de la Serranía, también aquí el tiempo y el desuso habían hecho estragos en la conservación de las fuentes, pero los trabajos emprendidos por el Grupo Ecologista Universales, primero, y posteriormente por Esparvel, con la colaboración de empresas privadas de la zona, permitieron acometer la restauración y conservación de este importante patrimonio etnográfico. Así, en la actualidad, Valdemeca y su entorno nos ofrecen una gran riqueza de manantiales y fuentes habilitadas para su uso y disfrute por todos aquellos que se decidan a pasear por sus montes.

La Fuente del Molino, situada junto al arroyo del Molino, compuesta por una estructura de piedra de la que emergen dos caños que vierten el agua en sendos tornajos de madera; la de La Ardilla, una de las más conocidas por estar situada junto a un área recreativa; la del Majal Chico, peculiar construcción de piedra que recoge el agua de Los Majadales y la ofrece en una teja; o la de La Sacea, con el curioso balanceo propiciado por el peso del agua que se va acumulando en uno de los extremos del tornajo, son algunos ejemplos de las fuentes de Valdemeca. Pero lo mejor es acercarnos a disfrutarlas en su entorno, a conocer sus historias, y a hacernos partícipes en el loable esfuerzo por conseguir que el rumor del agua en las fuentes siga vivo.

  
  
 
  
  
 
+ Info
Fuentes de Valdemeca
Moisés Heras García
 
   
©2019. Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural.
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