COLABORACIÓN ESPECIAL
 
Introducción
 

El objetivo de la investigación que aquí presentamos ha sido demostrar la interacción que puede y debe existir entre las políticas de desarrollo del turismo y la protección y gestión de los espacios naturales de alto valor medioambiental. Si las actividades agrícolas, ganaderas y forestales han contribuido y siguen contribuyendo al mantenimiento de los ecosistemas naturales, que son la base de la demanda turística en las comarcas interiores, la planificación del turismo rural no debería realizarse al margen de dichas actividades tradicionales, a las que se debe garantizar su viabilidad y permanencia para asegurar el éxito de la oferta turística. En este planteamiento se dan cita los principios de multifuncionalidad y sostenibilidad de la gestión de los espacios naturales y del turismo. También en este sentido, la Carta Europea del Turismo Sostenible en los Espacios Protegidos del año 2000 constituye un marco idóneo para la acción. La valoración turístico-recreativa de los ecosistemas mediterráneos debe integrarse en las estrategias de desarrollo local y rural, superando esquemas y marcos de gestión sectoriales y cerrados. Desde esta perspectiva se puede definir un modelo de planificación abierto y participativo con una base territorial y social.

El análisis de las estrechas relaciones que existen entre el creciente desarrollo de la actividad turística y sus efectos sobre el desarrollo local en espacios caracterizados por la doble componente “rural-natural” cuenta ya con un significativo número de aportaciones (Valenzuela, 1997) que toman como punto de partida la hipótesis de que el impulso proporcionado al turismo en los espacios rurales –y más aún en zonas de montaña más limitadas ante otras posibles alternativas de diversificación de sus formas de utilización y de sus economías– se ha convertido en una de las principales fuerzas de cambio y transformación socioeconómica, paisajística y territorial.
Espacios Naturales Protegidos y turismo, una relación “sostenible”
 
 
Entre el amplio repertorio de figuras de protección de espacios naturales, las de Parque Natural y/o Parque Regional presentan la peculiaridad de apostar por la conservación de la naturaleza en estrecha relación con el uso y aprovechamiento de los recursos naturales, por lo tanto ha de existir un equilibrio entre los dos objetivos del que carecen otras figuras más vinculadas a la protección específica e integral de sus características de biodiversidad o de algún elemento concreto.

La categoría de Parque Natural y Parque Regional se aplica a territorios habitados donde existen aprovechamientos y usos implantados desde antaño. La mayoría de las áreas declaradas con esta categoría responden a la denominación de la UICN “Zona de Gestión de Recursos Naturales”, o categoría VI que la define como “Zonas extensas cuyas principales producciones son forestales, ganaderas, de caza y otras actividades recreativas, aunque puedan existir dentro de ellas algunas áreas ocupadas y transformadas por el hombre. Se trata de conseguir el aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales renovables que responda mejor a su propia potencialidad y a la necesidad del país. Su finalidad es armonizar el desarrollo de tales comarcas y el incremento de la calidad de vida de sus habitantes con la protección del medio ambiente y la conservación de la naturaleza, mediante la utilización racional de los recursos renovables”.

En otras palabras, este tipo de figura de protección tiene un planteamiento de conservación de los recursos basado en una ordenación y planificación de éstos con objeto de garantizar su supervivencia e impulsar un desarrollo sostenible en el área (Actas del 1er Seminario de Espacios Naturales Protegidos, 1995). De esta manera, entendiendo el desarrollo sostenible tal y como se definió en el Informe de Naciones Unidas de 1987, posteriormente recogido y revisado en documentos internacionales, se explica que haya que proteger el equilibrio general y el valor de la reserva de capital natural así como establecer otros criterios e instrumentos de evaluación de costes y beneficios. En el Plan de Acción para las áreas protegidas de Europa se insiste en que hacen falta políticas que promuevan el crecimiento sostenible de la economía local a partir de la creación de espacios protegidos, con vista a una eventual gestión conjunta.

La creación de este tipo de espacios en nuestra geografía ha sido un fenómeno que ha surgido en los últimos veinticinco años, asociado a la demanda social de protección de los recursos naturales. Conforme se han ido consolidando las ideas de espacios naturales se ha asimilado cada vez más y mejor por la población local, que desde un principio se ha sentido marginada y aislada de la toma de decisiones con respecto a sus territorios, en gran parte por la falta de información. Debido a esto que ha sido una realidad en distintos puntos de nuestra geografía y que ha promovido un rechazo por parte de la población, es importante reforzar los mecanismos de participación pública desde el principio de la configuración de la red de espacios protegidos.

 
De hecho, algunos autores (Seminario sobre alternativas de desarrollo económico para la población local de los Espacio Naturales Protegidos, 1997) sostienen que la protección especial de un espacio natural sólo puede cumplir su objetivo si se dan dos circunstancias. La primera condición es que la población local no sea hostil a medio plazo a la nueva regulación. La segunda se refiere a que el territorio circundante, como la región o la cuenca hidrográfica, mantenga los niveles suficientes de conservación de la flora, la fauna y los hábitat para evitar que la protección especial del espacio natural se convierta en un enclave ajeno al entorno biogeográfico y humano que le rodea. Si se dan las dos condiciones señaladas, el mantenimiento de la biodiversidad podría hacerse compatible con la satisfacción de las necesidades de uso del espacio protegido por la población local.

No debe estar reñida la conservación de los elementos sobresalientes del área y los valores de biodiversidad del espacio con su aprovechamiento desde una óptica de ocio y estética. Es importante valorizar el paisaje, el clima y los elementos naturales destacables y hacer un uso ordenado que permita impulsar una microeconomía local. Este objetivo daría como resultado, por un lado, la configuración de una estructura económica local, y por otro, una vinculación de la población local en la protección de los recursos, haciéndoles ver que del mantenimiento de los paisajes y los valores de biodiversidad puede depender la mejora de la calidad de vida rural. En este sentido en los últimos años se ha avanzado bastante en mecanismos y sistemas que hagan compatible el uso del espacio para actividades ecoturísticas o de aprovechamiento social. Pero también hay que sopesar que un mal uso turístico de muchos de nuestros espacios naturales puede causar un impacto negativo en algunos casos irreversible.

Con la regulación protectora de espacios naturales poco poblados localmente se producirán actividades emergentes que supondrán una modificación de la distribución del poder económico local. La amplitud de los cambios dependerá de la situación inicial en cada caso. Los intereses económicos ligados al uso agrícola y urbano del territorio declarado protegido podrían ver perjudicadas sus expectativas, frente a los intereses ligados a la prestación de servicios a los nuevos flujos de visitantes, que aparecerán como el grupo más favorecido y dinámico de la actividad económica local.

En el supuesto de que el espacio natural protegido disponga de un entorno habitado se producirá una revalorización de los productos comerciales locales sobre la base de la demanda in situ de los nuevos flujos de visitantes. La ampliación de la demanda de productos tradicionales favorecerá la permanencia de actividades agrarias en proceso de extinción. Estas actividades supondrán en sí mismas una oferta de cultura tradicional que incrementará el valor total del espacio protegido.
Principales hallazgos y conclusiones de la investigación
 
La promoción del turismo como estrategia de desarrollo rural sostenible (Goytia Prat, 1999) reviste particular interés en espacios naturales privilegiados que, indudablemente, cuentan con un valioso patrimonio turístico cristalizado en paisajes naturales y culturales cada vez más apreciados por la población urbana. Hasta qué punto la actividad turística puede erigirse en un instrumento de revitalización económica y social para estas zonas es algo que los datos manejados en este artículo sólo permiten intuir, pero que posteriores investigaciones ratificarán o refutarán.

En este contexto, se comprende que el turismo se identifique como un instrumento capaz de generar rentas y empleos, máxime teniendo en cuenta los siguientes factores: por un lado, la oportunidad que ofrece la creciente revalorización turística del campo entre una demanda esencialmente urbana a la que ya no satisfacen los destinos de turismo “masivo”; y, por otro, las grandes potencialidades recreativas que presentan buena parte de estas áreas rurales en virtud de la riqueza del patrimonio natural y cultural que albergan. Ello, a su vez, se imbrica con las tendencias recientes de organización turística que persiguen la diversificación de la oferta y la promoción de nuevos modelos.

Obviamente, el turismo rural no es la panacea universal, ni aporta la solución definitiva a los problemas de marginación económica y social de muchas zonas rurales, pero sí que tiene una triple función: genera ingresos y empleos, promueve infraestructuras y sirve como vector de intercambios y sinergias entre el medio rural y urbano (Millán Escriche, 2002). Por lo tanto, adquiere un papel relevante como dinamizador de los espacios rurales.

Sin embargo, el desarrollo del turismo rural no está exento de riesgos y todos los especialistas coinciden en señalar la necesidad de desarrollar el empleo en conexión con las nuevas necesidades ligadas a la calidad de vida y protección del medioambiente y el patrimonio arquitectónico. La clave parece encontrarse, si nos atenemos a las múltiples experiencias registradas a lo largo y ancho del territorio de la Unión Europea, en la comercialización de productos de calidad que consigan una presentación eficaz del producto mediante su clara denominación y la elaboración de una imagen atractiva que capte la atención. La calidad supone huir de una sobreestimación de la dimensión turística y dirigir los esfuerzos de comercialización hacia la gama de alto nivel. Demasiado turismo es perjudicial y puede conducir al estancamiento, e incluso a un retroceso de la rentabilidad económica, así como a la pérdida de la peculiaridad y autenticidad de la oferta turística local. Obviamente nuestras cuatro zonas de estudio están muy lejos de haber llegado al techo y la saturación de sus posibilidades.

No obstante, también parece indiscutible que el marchamo de calidad aportado por la declaración de un espacio protegido de rango nacional en Cabañeros, junto con un mayor cuidado y generosidad en la oferta de alojamiento rural, marcan la diferencia a favor de este espacio (ver Cuadro 1 y mapas adjuntos); no en vano las ratios habitantes/alojamiento, habitantes/establecimiento y habitantes/plaza se multiplican por diez en Alcudia cuando consideramos los alojamientos de turismo rural en sentido estricto, se multiplican por tres en el sector de restauración y se incrementan en un 33 por ciento para los alojamientos tradicionales y un 6 por ciento para la relación entre habitantes y plazas dentro de esta última categoría. El turismo rural-natural precisa la integración respetuosa con su entorno y sus gentes, porque el turista especializado busca más allá de un mero alojamiento impregnarse del paisaje, los sabores y olores del medio rural que visita (Astorga, 1997). El equilibrio entre los sistemas ecológicos, socioeconómicos y culturales de la zona garantiza la oferta de un producto atractivo, cuando se conjugan con adecuadas infraestructuras de alojamiento y atención especializada y personalizada.

  
  
 
  
  
 
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Cuadro 1. Análisis comparativo de las infraestructuras de alojamiento, restauración y servicios turísticos en Cabañeros y valle de Alcudia.

La comparación entre Alto Tajo y Serranía de Cuenca arroja unos resultados mucho más igualados al enfrentar las respectivas ratios habitantes/alojamiento, habitantes/establecimiento y habitantes/plaza (ver Cuadro 2), empero, si bien el saldo es ligeramente más favorable para la Serranía de Cuenca, también habría que recordar que en esta última la dotación de instalaciones se remonta en parte a los años 1989-1994, vinculada a la concesión de un programa Leader que comenzó a desarrollar una red de instalaciones turísticas por iniciativa privada con ayuda pública, preferentemente localizadas a lo largo de un circuito serrano que unía los parajes más visitados de la comarca: Ciudad Encantada, Nacimiento del río Cuervo y Hoz de Beteta, dejando, por tanto, un importante vacío y un desequilibrio territorial que cristalizó en la falta de infraestructuras y equipamientos que lastran las posibilidades de desarrollo de la Serranía Baja. Además, también habría que recordar que las infraestructuras existentes están, en ocasiones, lejos del óptimo de calidad y de relación calidad/precio que permitiría fidelizar a la clientela; falta una imagen de marca que unifique el territorio y permita hablar de un destino turístico y, por descontado, carece de cualquier interrelación entre señalización homogénea de recursos, rutas y alojamientos rurales, entre alojamientos y servicios complementarios y de comercialización conjunta de todos ellos que permita hablar de un producto turístico. En estos momentos, buena parte de los problemas señalados se afrontan desde el recientemente aprobado Plan de Dinamización de Producto Turístico de la Serranía Alta de Cuenca.

  
  
 
  
  
 
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Cuadro 2. Análisis comparativo de las infraestructuras de alojamiento, restauración y servicios turísticos en la Serranía de Cuenca y el Alto Tajo.

En el caso de Alto Tajo, nos encontramos ante un crecimiento mucho más reciente, y por lo tanto relativamente más rápido, de las infraestructuras y equipamientos, un hecho notable y meritorio si recordamos que su densidad de población es un 44% inferior a la de la propia Serranía conquense, lo que la coloca en una situación de extrema gravedad. Por otro lado, esa oferta reciente, y apoyada con fondos públicos, se ha estructurado en una oferta hostelera y de restauración de calidad, hoteles de tres y cuatro estrellas, centrada en Molina de Aragón, su cabecera comarcal, complementada por una red de casas y apartamentos rurales que gravitan preferentemente en el borde meridional del Parque Natural del Alto Tajo. Aunque cabría realizar mejoras en materia de señalización y homogeneización de los recursos, infraestructuras y equipamientos existentes (la señalización vertical en carretera que indique la dirección de los dos Centros de Interpretación recientemente abiertos es nula), así como la creación de rutas no sólo identificables en la cartografía turística sino desde la ventanilla de cualquier turismo que circule por las carreteras de la comarca, lo cierto es que la oferta aparece articulada en torno a dos reclamos: Parque Natural del Alto Tajo y Señorío de Molina. Nos encontramos, pues, en proceso de articulación de un destino turístico de carácter bicéfalo al que todavía le queda un largo camino por recorrer para convertirse en un producto turístico compacto y comercializable. En cuanto a la posible influencia de la creación del Parque Natural sobre este proceso de reorientación y diversificación económica, y siempre asumiendo que el mismo sigue quedando lejos de las expectativas despertadas entre la población, las conclusiones provisionales (pendientes del análisis de otras variables como empleo generado y renta per cápita) no pueden ser sino positivas.

  
  
 
  
  
 
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Análisis comparado de la oferta de hostelería en la Serranía de Cuenca y Alto Tajo.

Sólo integrando a la población local, y contribuyendo a la resolución de sus problemas más urgentes, aseguramos, a largo plazo, la estabilidad de un espacio protegido. La participación de la población local en la gestión es una de las premisas fundamentales de la innovación en la conservación activa. Igualmente lo es el desarrollo de actividades productivas estables y la plena integración del espacio protegido en la nueva dinámica del territorio circundante. La función turística de los espacios protegidos ha conocido una fuerte expansión en los últimos años y está dando lugar a nuevas formas de turismo, ecológico o ambiental, que se pueden convertir, si están adecuadamente encauzadas, en un importante pilar de las economías locales. Los espacios naturales protegidos son, sin duda, un activo fundamental dentro de cualquier programa o estrategia de desarrollo, más cuando en las sociedades industrializadas estos territorios son cada día más escasos y socialmente más demandados. En estos espacios las medidas de protección, conservación, regulación y promoción deben servir para garantizar un desarrollo que preserve los equilibrios ecológicos, económicos y sociales (Troitiño, 1995).

  
  
 
  
  
 
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Análisis comparado de la oferta de alojamiento turístico extrahotelero en la Serranía de Cuenca y Alto Tajo.

La utilización recreativa o turística de los espacios protegidos genera nuevos tipos de aprovechamientos (camping, complejos hoteleros, unidades de interpretación, ecomuseos, etcétera) y también nuevos conflictos ambientales (vertidos, ruidos, infraestructuras, carga turística excesiva, etcétera) que es necesario tener muy presentes. El reto está en definir, con precisión, el dónde y el cómo deben integrarse estos nuevos aprovechamientos, para que propicien el desarrollo de la sociedad local y no alteren los equilibrios medioambientales básicos.
  
 
BIBLIOGRAFÍA

Actas del 1er Seminario de Espacios Naturales Protegidos (1995), Madrid, Sección del Estado Español de la Federación de Parques Naturales y Nacionales de Europa, 118 p.

ASTORGA GONZÁLEZ, A. F. (1997): “El valor del fenómeno turístico: ¿panacea para la ordenación de los espacios interiores deprimidos”, en VALENZUELA, M. -coord.-: Los turismos de interior. El retorno a la tradición viajera, Madrid: AGE y Universidad Autónoma de Madrid, pp. 71-80.

JUAN GOYTIA PRAT, A. (1999) “El desarrollo en municipios situados en espacios naturales protegidos. Reflexiones desde las dimensiones de la sostenibilidad”, Municipios y Espacios Naturales Protegidos Seminario europeo sobre el desarrollo local de los municipios situados en espacios naturales protegidos, Artea (Vizcaya), 17-19 de Septiembre de 1998, EUDEL eds., pp. 35-50 y 387-395.

MILLÁN ESCRICHE, M. (2002): “La diversificación en el medio rural como factor de desarrollo”, Papeles de Geografía, 36, pp. 223-238.

Seminario sobre alternativas de desarrollo económico para la población local de los Espacio Naturales Protegidos (1997. Madrid y Galicia), 1997, Soto del Real: Centro de Investigaciones Ambientales de la Comunidad de Madrid Fernando González Bernáldez, 80 p.

TROITIÑO, M.A. (1995): “Espacios Naturales Protegidos y Desarrollo Rural: Una Relación Territorial Conflictiva”. Boletín de la Asociación de Geógrafos Españoles, 20, págs. 23 -37.

VALENZUELA RUBIO, M. (coord.) (1997): Los turismos de interior. El retorno a la tradición viajera, Madrid, Asociación de Geógrafos Españoles y Universidad Autónoma de Madrid, 752 p.
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