EDITORIAL
 
 
Hablar de la importancia que el agua tiene para el hombre es reflejar una verdad irrebatible. Más allá de aquello de que más de tres cuartas partes de nuestro organismo están formadas por el “líquido elemento”, el agua está indisolublemente asociada al desarrollo de nuestra civilización. Primero Tigris y Eufrates, y luego el Nilo, fueron los puntos sobre los que se apoyó el gran salto cultural que transformó a las sociedades humanas, posibilitando su desarrollo. Mucho antes de que la pluma de Cervantes convirtiera a los molinos de viento en un símbolo para La Mancha, fue el agua de nuestros ríos y arroyos la que movió las muelas que molturaban el grano para convertirlo en harina.

A lo largo de la historia los ríos nos han proporcionado energía, nos han servido como vías de transporte, han regado nuestros campos, nos han transmitido su vida. Sin embargo no podemos extraer ilimitadamente recursos de nuestros cursos fluviales; no podemos permitir que los ríos mueran a su paso por nuestras ciudades, o que los acuíferos se desangren lenta y dolorosamente por la sobreexplotación.

Conciliar el desarrollo futuro de nuestras sociedades con el reconocimiento y respeto a los límites del entorno natural, de manera que se garantice su conservación, es uno de los retos más importantes que se nos plantean en la actualidad, y esto es especialmente cierto en lo que se refiere al agua. Por ello, es imprescindible que volvamos la mirada a nuestros ríos para dejar de considerarlos como canales de agua y volver a apreciarlos como organismos vivos estrechamente vinculados a nosotros y a nuestro futuro. Reconocer, por tanto, los valores culturales y sociales de nuestros humedales y cursos de agua y los servicios que nos prestan, entender su papel como soporte de complejos y valiosos ecosistemas, es el primer paso para conseguir una gestión sostenible de estos importantes recursos.

Esta visión global es la que se pretende transmitir en el recién inaugurado Centro de Interpretación “Río Tajo”, en Zaorejas (Guadalajara), que busca mostrar a los visitantes las distintas facetas de este gran río ibérico, procurando la implicación de todos en su conservación. De este nuevo centro de interpretación, recientemente inaugurado por el Presidente de Castilla-La Mancha, Jose María Barreda, se ocupa el artículo que incluimos en este número dentro de la sección de educación ambiental.

En otro de los artículos, nos ocupamos del voluntariado ambiental, que, como forma de participación en la gestión de nuestro entorno, y de adquisición de valores consecuentes con el desarrollo sostenible, es otra de las herramientas para conseguir ese importante cambio social. Se aborda el programa de voluntariado ambiental en espacios naturales protegidos de Castilla-La Mancha desde la perspectiva de una de las entidades que ha colaborado en este programa desde su inicio.

En el apartado que dedicamos a nuestras áreas protegidas, hoy le corresponde el turno al Monumento Natural del Pitón de Cancarix, una de las formaciones volcánicas más singulares de nuestra región.

Por último, destacar que ya está en funcionamiento la edición on-line de la revista, que permitirá que un mayor número de lectores puedan acceder a los contenidos de la revista de una forma más interactiva y actualizada, y a la que se puede acceder a través de la Web institucional de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
 
   
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