EDITORIAL
 
 
El pasado 7 de octubre tuvo lugar el acto institucional de firma del Pacto Regional contra el Cambio Climático, suscrito por el Gobierno Regional y diferentes agentes sociales, políticos y sindicales de la región. Si ya es importante cualquier iniciativa que se adopte para mitigar o frenar este problema emergente, lo es más aún el hecho de que estas iniciativas surjan del compromiso colectivo, y de la toma de conciencia real para la conservación del medio ambiente en el marco de la responsabilidad, el compromiso con el planeta y la sociedad.

Porque necesitamos ser una sociedad consciente de lo difícil que es disociar “lo ambiental” del resto de aspectos de nuestra realidad, y ello se hace todavía más patente ante retos como el del cambio climático, que trascienden la vertiente ambiental para entrar de lleno en el terreno social y en el económico.

Porque debemos asumir que todos, en mayor o menor medida, somos responsables del problema, y que la solución al mismo es también responsabilidad nuestra, siendo nosotros los que debemos acometer soluciones y adoptar compromisos que establezcan las garantías para un desarrollo basado en la sostenibilidad.

Y estos son precisamente los dos pilares fundamentales sobre los que pivota el Pacto: por un lado la concepción del medio ambiente como patrimonio común, del que todos y cada uno somos responsables; y por otro la oportunidad y la necesidad de que todos y cada uno asumamos muestro papel en la solución del problema.

Para ello el Pacto incluye una serie de compromisos que los firmantes se comprometen a asumir, y que detallamos en una de las secciones de este número.
Como colaboración especial incluimos un interesante artículo sobre la conservación de los hábitat esteparios en Castilla-La Mancha, un tipo de ecosistema que tanto por su extensión como por la importancia que reviste para la biodiversidad, nos obliga a hacer un esfuerzo para que el desarrollo del sector agrícola en nuestra región pueda llevarse a cabo de forma que no comprometa la conservación de este importante recurso.

También bajo el prisma de la sostenibilidad, dedicamos nuestra sección sobre la Red de Áreas Protegidas a la adhesión del Parque Natural del Alto Tajo a la Carta Europea de Turismo Sostenible, una apuesta por un desarrollo socioeconómico respetuoso con los valores naturales del territorio. Y sin salir del Alto Tajo, nos ocupamos también de la puesta en funcionamiento del Museo de la Ganadería Tradicional de Checa, que viene a completar la infraestructura interpretativa del Parque Natural, centrándose en una actividad que ha contribuido a configurar el paisaje cultural y natural de esta zona del noreste de nuestra Comunidad Autónoma.

El apartado dedicado a gestión ambiental se ocupa en este número de la Red de Aerobiología de Castilla-La Mancha (AEROCAM), una herramienta para ofrecer al público información sobre las concentraciones de polen presentes en la atmósfera, y que tanta incidencia tienen sobre las personas que padecen procesos alérgicos, pero que también tiene una gran utilidad para el estudio de la reproducción de las plantas de nuestra región.
 
   
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