EDITORIAL
 
 
Siendo nuestro castellano una lengua que bebe fundamentalmente del latín, para designar a las masas de árboles utilizamos sin embargo una palabra de origen germánico, “bosque”, que deriva de la raíz busk que viene a significar arbusto. Por el contrario, en inglés o en francés se utiliza forest o fôret, derivadas ambas de la raíz latina for s que indica “lo de fuera”. “Forestis” se utilizaba en la Edad Media para designar a lo que estaba fuera de las tierras de cultivo, sin hacer mención ni a los árboles, ni a los arbustos. Pero en castellano nos hemos decantado por bosque, y no por foresta, recalcando así la presencia del árbol en lugar de resaltar lo externo. La etimología no es casual, así que entendámosla como una invitación a dejar de sentir el bosque como algo ajeno o “de fuera”, y sentirlo como algo cercano, como algo propio. Porque no en vano, y como bien nos recuerda el naturalista Joaquín Araujo, “nuestro primer y más usado techo fue de hojas”.

Naciones Unidas celebra en 2011 el Año Internacional de los Bosques, para recordarnos no ya esta vinculación ancestral a la que acabamos de referirnos, sino para hacernos reflexionar sobre lo que los bosques nos dan hoy y lo que podemos hacer por ellos. Bajo el lema “Los bosques para las personas”, esta conmemoración busca poner de manifiesto los servicios que las masas boscosas nos ofrecen. Porque aparte de ser fuente de materias primas, el bosque protege a los suelos de la erosión, contribuye a la protección de las cuencas hidrológicas, y es parte y soporte de la biodiversidad, por no hablar de su importancia para nuestro ocio y para la educación ambiental. Además su papel de reserva y fijación de carbono lo convierte en una herramienta clave en la lucha contra el cambio climático. Por todo ello, proteger los bosques es protegernos a nosotros mismos.

Y hablando de los servicios que nos prestan los bosques, en este número incluimos un artículo sobre las posibilidades de aprovechamiento energético de la biomasa forestal, sin duda un tema de plena actualidad y en el que nuestra Comunidad Autónoma puede tener un especial protagonismo. También nos hacemos eco de las conmemoraciones del Día Forestal Mundial, y del Día de los Humedales, evento éste último que este año ha estado especialmente vinculado a los bosques.

En la sección dedicada a las áreas protegidas, nos ocupamos en esta ocasión de la Laguna del Marquesado, una Reserva Natural ubicada en tierras conquenses, que puede ser recorrida y conocida a través de un itinerario interpretativo dispuesto al efecto.

El apartado que habitualmente dedicamos a la educación ambiental se ocupa esta vez del derecho de acceso a la información ambiental, sin duda uno de los pilares imprescindibles para una sociedad bien formada en temas ambientales, y capacitada para participar en la toma de decisiones que afecten al medio ambiente. Y también relacionada con este campo es la colaboración especial que incluimos en este número, que trata de la creación de la Asociación de Educación Ambiental de Castilla–La Mancha (EDACAM), una iniciativa pionera en el ámbito asociativo ambiental en nuestra Comunidad Autónoma.

Por último también nos ocupamos, aunque de forma más breve, de la reciente declaración de los Parques Naturales de Valle de Alcudia y Sierra Madrona, en la provincia de Ciudad Real, y Sierra Norte de Guadalajara, y de la aprobación de la Estrategia regional de mitigación y adaptación frente al cambio climático. Sin duda habrá lugar en próximos números para abordar estos temas con más detenimiento.
 
   
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